Domingo 29 de Junio– (Mateo 16.
13-19)
Este domingo coincide con la fiesta de San
Pedro y San Pablo a los que la Iglesia considera fundamentales en el despliegue de la Iglesia, cada uno con características
propias. El evangelio de hoy se refiere a Pedro y su confesión de fe.
Seguramente este texto es post pascual, es decir, Pedro confiesa a Jesús como Cristo después de la experiencia de la
resurrección. Pero esto no significa que su
protagonismo no se refleje en todos los evangelios desde el inicio de su
seguimiento de Jesús, al ser, muchas veces, vocero de los Doce y ocupar el primer lugar en diversas circunstancias. Además, este evangelio expresa lo que Pedro será en la Iglesia católica: garante
de unidad, de sucesión apostólica, es decir, de continuidad de la misma fe.
Por su parte Pablo no
formó parte de los Doce, sino que tiene la experiencia de Jesús unos 3 o 4 años
después de los acontecimientos pascuales. Pero su dedicación total
a la predicación, su testimonio constante, hizo que con el tiempo se le
considerara al mismo nivel que Pedro.
De hecho, el libro de
los Hechos de los Apóstoles dedica la primera parte a Pedro y la segunda parte
a Pablo, y relata hechos similares de los dos, mostrando su importancia en el desarrollo de la Iglesia. Según los datos de este
libro, se encontraron dos veces en Jerusalén y una en Antioquía, donde
mostraron diferencias.
Se cree que Pedro fue
asesinado en Roma por el año 64. De Pablo se dice lo mismo, aunque los datos no
son muy precisos. Los primeros cristianos que conmemoraban a sus compañeros mártires,
juntaron a Pedro y Pablo en la fiesta del 29 de junio para decir que Roma estaba
fundada con la sangre de Pedro y Pablo. Lo interesante es que ellos son ejemplo de la unidad en la diversidad y
así debería ser nuestra iglesia para que en verdad quepan “todos, todos,
todos”, como decía el Papa Francisco y ha repetido el Papa León XIV.
Precisamente con la
elección del nuevo Papa y las celebraciones litúrgicas a las que asistimos el
mes pasado del inicio de este pontificado, hemos podido ver cómo se organiza la
Iglesia católica y de qué manera el Papa es continuador de estos Apóstoles,
piedras vivas, de la Iglesia. De todas maneras, está por realizarse
una reforma del Papado, como ya lo había señalado el papa Francisco para que
ese ministerio fundamental sea testimonio de servicio e inclusión, con más
descentralización, más sinodalidad, más austeridad, reflejando más el ardor
misionero de los primeros apóstoles y menos el poder y organización de una
iglesia con las mismas características del Imperio.