Domingo 22 de Marzo- (Juan 11,1-45)
El adiós definitivo a un ser muy querido nos hunde inevitablemente en el dolor y la impotencia. Es como si la vida entera quedara destruida. No hay palabras ni argumentos que nos puedan consolar. ¿En qué se puede esperar?
El relato de Juan no tiene solo como objetivo narrar la resurrección de Lázaro, sino, sobre todo, despertar la fe, no para que creamos en la resurrección como un hecho lejano que ocurrirá al fin del mundo, sino para que «veamos» desde ahora que Dios está infundiendo vida a los que nosotros hemos enterrado.
Jesús llega
«sollozando» hasta el sepulcro de su amigo Lázaro. El evangelista dice que «está
cubierto con una losa». Esa losa nos cierra el paso. No sabemos nada de nuestros
amigos muertos. Una losa separa el mundo de los vivos y de los muertos. Solo
nos queda esperar el día final para ver si sucede algo.
Esta es la fe judía de Marta: «Sé que mi
hermano resucitará en la resurrección del último día». A Jesús no le basta.
«Quitad la losa». Vamos a ver qué es lo que sucede con el que habéis enterrado.
Marta pide a Jesús que sea realista. El muerto ha empezado a descomponerse y
«huele mal». Jesús le responde: «Si crees, verás la gloria de Dios». Si en
Marta se despierta la fe, podrá «ver» que Dios está dando vida a su hermano.
«Quitan la losa» y Jesús «levanta los
ojos a lo alto», invitando a todos a elevar la mirada hasta Dios, antes de
penetrar con fe en el misterio de la muerte. Ha dejado de sollozar. «Da gracias» al Padre porque «siempre lo
escucha». Lo que quiere es que quienes lo rodean «crean» que es el
Enviado por el Padre para introducir en el mundo una nueva esperanza.
Luego «grita con voz potente: Lázaro,
sal afuera». Quiere que salga para mostrar a todos que está vivo. La escena es
impactante. Lázaro tiene «los pies y las manos atados con vendas» y «la cara
envuelta en un sudario». Lleva los signos y ataduras de la muerte. Sin embargo,
«el muerto sale» por sí mismo. ¡Está vivo!
Esta es la fe de quienes creemos en
Jesús: los que nosotros enterramos y abandonamos en la muerte viven. Dios no
los ha abandonado. Apartemos la losa con fe. ¡Nuestros muertos están vivos!