Domingo
9 de marzo- (Lucas 4,1-13)
No le resultó fácil a Jesús mantenerse fiel a la
misión recibida de su Padre sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo
largo de su vida.
Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para
someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu, que
lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de
aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, «un signo
del cielo», de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.
Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos y pensara más en
reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque
pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.
Sufría Jesús y sufrían
también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían
que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso
género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del
templo, Jesús les dice así: «Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo
en mis pruebas» (Lucas 22,28).
El episodio conocido como las «tentaciones de Jesús» es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que
hubo de superar Jesús a lo largo de su vida. Aunque vive movido por el Espíritu
recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas
de mesianismo.
¿Ha de pensar en su propio interés o escuchar la
voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías o ponerse al servicio de
quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria o manifestar la compasión
de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión o entregarse a su misión confiando en el Padre?
El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en
los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no
estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples
tentaciones.
Para seguir a Jesús con fidelidad hemos de identificar
las tentaciones que tenemos los cristianos de hoy: la jerarquía y el pueblo; los dirigentes
religiosos y los fieles. Una Iglesia que no es consciente de
sus tentaciones pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está
sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer
en la infidelidad?