LA CORRECCIÓN FRATERNA

Domingo 6 de Septiembre- (Mt 18, 15-20)

Siempre me ha llamado la atención que, en muchas ocasiones, los cristianos lo primero que hacemos es juzgar al otro, o creernos el juicio que ha hecho cualquiera, sin preocuparnos de su credibilidad. Cuando oímos una calumnia, lo primero que sucede es que desplegamos una bandera de alarma, no sobre la persona calumniadora sino sobre aquella que ésa última ha decidido calumniar.

«No juzguéis y no seréis juzgados», dice el Señor. Todo el mundo se atreve a decir de todo, y poca gente corrige a quien deshonra a otros. Es decir, consideramos pagano a un amigo de toda la vida, solamente porque otro ha vertido sobre él una sombra de sospecha, o por despecho, o por envidia, el motivo es indiferente. En el fondo, siempre coincide, por cobardía.

Lo segundo que hacemos es decírselo a la comunidad. Tratamos de comentarlo con el mayor número de personas conocidas, sobre todo, diciendo, por supuesto, que no lo comenten con nadie. Olvidamos que para ser perdonados deberíamos devolver la fama del prójimo.

Nos queda algo, decírselo a los dos o tres más próximos. Pero no para que solucionen nada, sino para que le den el golpe de gracia. Y, al final, de rebote, nunca directamente, se entera el interesado. Es decir, hemos actuado al contrario de lo que nos manda el Señor en el Evangelio.

Veamos que se debería hacer cuando alguien te ofende. Si no te ofende, lo mejor será callarse. Jesús nos dice: «Repréndelo a solas». ¡Qué pocas personas tienen la nobleza de venir a hablar con cualquiera que les haya ofendido y decir que esto o lo otro no me ha parecido bien!. Es lo que toda la vida se ha llamado «corrección fraterna». No se trata de ir poniendo de vuelta y media a los demás, sino de solucionar el problema, y si diciéndoselo no te hace caso, entonces, reunido con él, y con el Señor, como dice San Mateo en versículos siguientes, con Dios en medio de nosotros, se lo podemos decir a dos o tres más.

Lo de la comunidad lo tenemos que reservar para el final. Es el espíritu evangélico lo que debemos contagiar.  Si tengo que corregir algo, mejor ponerlo en oración, quizás no está tan claro lo que a mí me parece, quizás me equivoco yo, quizás me doy cuenta que las frases más agresivas de Jesús, suelen ser por juzgar a otros. Aquello de «hermano, deja que te quite la mota de polvo que tienes en tu ojo». Quitemos nuestras vigas primero. Puede ser un buen criterio para este nuevo curso.

 

Ekumene - Obra misionera
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