(Domingo 6 de abril- Jn 8,
1-11)
Sorprende ver a Jesús rodeado de tantas mujeres: amigas
entrañables como
María Magdalena o las hermanas Marta y María de Betania. Seguidoras
fieles como
Salomé, madre de una familia de pescadores. Mujeres enfermas, prostitutas de
aldea… De ningún profeta se dice algo parecido.
¿Qué
encontraban en El las mujeres?, ¿Por qué
las atraía tanto? La respuesta que ofrecen los relatos evangélicos es clara.
Jesús las mira con ojos diferentes. Las trata con una ternura desconocida,
defiende su dignidad, las acoge como discípulas. Nadie las había tratado así.
La gente las veía como fuente
de impureza ritual. Rompiendo
tabúes y prejuicios, Jesús se acerca a ellas sin temor alguno, las acepta en su
mesa y hasta se deja acariciar por una prostituta agradecida.
La sociedad las consideraba como ocasión
y fuente de pecado; desde
niños se les advertía a los varones para no caer en sus artes de seducción.
Jesús, sin embargo, pone el acento en la responsabilidad de los varones: «Todo
el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón».
Se entiende su reacción cuando le
presentan a una mujer sorprendida en adulterio, con intención de lapidarla. Nadie
habla del varón. Es lo que
ocurría siempre en aquella sociedad machista. Se condena a la mujer porque ha
deshonrado a la familia y se disculpa con facilidad al varón.
Jesús no soporta esta hipocresía social
construida por el dominio de los varones. Con sencillez y valentía admirables,
pone verdad, justicia y compasión: «El que esté sin pecado, que
arroje la primera piedra». Los
acusadores se retiran avergonzados. Saben que ellos son los más responsables de
los adulterios que se cometen en aquella sociedad.
Jesús se dirige a aquella mujer
humillada con ternura y respeto: «Tampoco yo te
condeno». Vete,
sigue caminando en tu vida y, «en adelante, no peques más». Jesús confía en
ella, le desea lo mejor y le anima a no pecar. Pero de sus labios no saldrá
condena alguna.
¿Quién nos
enseñará a mirar hoy a la mujer con los ojos de Jesús?, ¿quién introducirá en la Iglesia y en
la sociedad la verdad, la justicia y la defensa de la mujer al estilo de Jesús?