Domingo 5 de Octubre- (Lc 17, 5-10)
«Auméntanos la fe». Así le piden los apóstoles a Jesús: «Añádenos más fe a la que
ya tenemos». Sienten que la fe que viven desde niños dentro de Israel es
insuficiente. A esa fe tradicional han de añadirle «algo más» para seguir a Jesús.
¿Y quién mejor que él para darles lo que falta a su fe?
Jesús
les responde con un dicho un tanto enigmático: «Si tuvierais fe como un granito
de mostaza, diríais a esta morera: Arráncate de raíz y
plántate en el mar, y os obedecería». Los discípulos le están pidiendo
una nueva dosis de fe, pero lo que necesitan no es eso. Su problema consiste en
que la fe auténtica que hay en su corazón no llega ni a «un granito de
mostaza».
Jesús
les viene a decir: lo importante no es la cantidad de fe, sino la calidad. Que
cuidéis dentro de vuestro corazón una fe viva, fuerte y eficaz. Para
entendernos, una fe capaz de «arrancar» árboles como la higuera o sicómoro,
símbolo de solidez y estabilidad, para «plantarlo» en medio del lago de
Galilea.
Lo primero que
necesitamos hoy los cristianos no es «aumentar» nuestra fe en toda la doctrina que hemos ido formulando a lo largo de los siglos. Lo
decisivo es reavivar en nosotros una fe viva y fuerte en Jesús. Lo importante
no es creer cosas, sino creerle a él.
Jesús
es lo mejor que tenemos en la Iglesia, y lo mejor que podemos ofrecer y
comunicar al mundo de hoy. Por eso nada hay más urgente y decisivo
para los cristianos que poner a Jesús en el centro del cristianismo, es decir, en el centro de nuestras comunidades y nuestros
corazones.
Para
ello necesitamos conocerlo de manera más viva y concreta, comprender mejor su
proyecto, captar bien su intención de fondo, sintonizar con él, recuperar el
«fuego» que él encendió en sus primeros seguidores, contagiarnos de su pasión
por Dios y su compasión por los últimos. Si no es así, nuestra fe seguirá más
pequeña que «un granito de mostaza». No «arrancará»
árboles ni «plantará» nada nuevo.