Domingo 4 de Mayo – (Juan 21,1-19)
Después de comer con los suyos a la orilla del lago,
Jesús inicia una conversación con Pedro. El diálogo ha sido trabajado
cuidadosamente, pues tiene como objetivo recordar algo de gran importancia para
la comunidad cristiana: entre los seguidores de Jesús, solo está capacitado para ser guía y pastor quien se
distingue por su amor a El.
No ha habido ocasión en que Pedro no haya manifestado
su adhesión absoluta a Jesús por encima de los demás. Sin embargo, en el
momento de la verdad es el primero en negarlo. ¿Qué hay de verdad en su adhesión? ¿Puede ser guía y pastor de los seguidores de Jesús?
Antes de confiarle su «rebaño», Jesús le hace la
pregunta fundamental: «¿Me amas más
que estos?». No le pregunta: «¿Te sientes con fuerzas? ¿Conoces
bien mi doctrina? ¿Te ves capacitado para gobernar a los míos?». No. Es el amor
a Jesús lo que capacita para animar, orientar y alimentar a sus seguidores,
como lo hacía El.
Pedro le responde con humildad y sin compararse con
nadie: «Tú sabes que te quiero». Pero Jesús le repite dos veces más su pregunta, de manera cada vez más
incisiva: «¿Me amas? ¿Me quieres de verdad?». La inseguridad de Pedro va
creciendo. Cada vez se atreve menos a proclamar su adhesión. Al final se llena
de tristeza. Ya no sabe qué responder: «Tú lo sabes todo».
A medida que Pedro va tomando conciencia de la
importancia del amor, Jesús le va confiando su rebaño para que cuide, alimente
y comunique vida a sus seguidores, empezando por los más pequeños y necesitados.
Con frecuencia se relaciona a jerarcas y pastores solo
con la capacidad de gobernar con autoridad o de predicar con garantía la
verdad. Sin embargo, hay adhesiones a Cristo, firmes, seguras y absolutas,
que, vacías de amor, no capacitan
para cuidar y guiar a los seguidores de Jesús.
Pocos factores son más decisivos para la conversión de
la Iglesia que la conversión
de los jerarcas, obispos, sacerdotes y dirigentes religiosos al amor a Jesús. Somos nosotros los primeros que hemos de escuchar su pregunta: «Me amas
más que estos? ¿Amas a mis corderos y a mis ovejas?».