Domingo 26 de Abril- (Juan 10,1-10)
El evangelio de Juan presenta a Jesús con
imágenes originales y bellas. Quiere que sus lectores descubran que solo él
puede responder plenamente a las necesidades más fundamentales del ser humano.
Jesús es «el pan de la vida»: quien se alimente de él no tendrá hambre. Es «la
luz del mundo»: quien le siga no caminará en la oscuridad. Es «el buen pastor»:
quien escuche su voz encontrará la vida.
Entre estas imágenes hay una, humilde y casi olvidada, que, sin embargo,
encierra un contenido profundo. «Yo soy la puerta». Así es Jesús. Una puerta
abierta. Quien le sigue cruza un
umbral que conduce a un mundo nuevo: una manera nueva de entender y vivir la
vida.
El evangelista lo explica con tres rasgos: «Quien entre por mí se salvará».
La vida tiene muchas salidas. No todas llevan al éxito ni garantizan una vida
plena. Quien, de alguna manera, sintoniza con Jesús y trata de seguirle, está
entrando por la puerta acertada. No echará a perder su vida. La salvará.
El evangelista dice algo más. Quien
entra por Jesús «podrá salir y entrar». Tiene libertad de movimientos.
Entra en un espacio donde puede ser libre, pues solo se deja guiar por el
Espíritu de Jesús. No es el país de la anarquía o del libertinaje. «Entra y
sale» pasando siempre a través de esa «puerta» que es Jesús, y se mueve
siguiendo sus pasos.
Todavía añade el evangelista otro detalle: quien entre por esa puerta que
es Jesús «encontrará pastos», no pasará hambre ni sed. Encontrará alimento
sólido y abundante para vivir.
Cristo es la «puerta» por la que hemos de entrar también hoy los
cristianos, si queremos reavivar nuestra identidad. Un cristianismo formado por bautizados que se
relacionan con un Jesús mal conocido, vagamente recordado, afirmado de vez en
cuando de manera abstracta, un Jesús mudo que no dice nada especial al mundo de
hoy, un Jesús que no toca los corazones… es un cristianismo sin futuro.
Solo Cristo nos puede conducir a un nivel nuevo de vida cristiana, mejor
fundamentada, motivada y alimentada en el evangelio. Cada uno de nosotros
podemos contribuir a que, en la Iglesia de los próximos años, se le sienta y se
le viva a Jesús de manera más viva y apasionada. Podemos hacer que la Iglesia
sea más de Jesús.