Domingo 12 de Abril- (Jn 20, 19-31)
El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelante. Solo cuando ven a Jesús resucitado en medio
de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz,
desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento
de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la
misma misión que él había recibido del Padre.
La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su
falta de vigor espiritual tienen su origen en un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en
medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada que una experiencia
vivida.
Cristo resucitado está en el centro de la
Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de
ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es
conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue
por sus primeros discípulos y discípulas.
Se nota enseguida cuando un
grupo o una comunidad cristiana se siente habitada por esa presencia invisible,
pero real y operante, de Cristo resucitado. No se contentan con seguir
rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una
sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el evangelio de
Jesús. Son los espacios más sanos
y vivos de la Iglesia.
Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad
que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes como puede
hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi
innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos
haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la
fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?
Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca.
Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios
y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de
nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está
en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu.