Domingo 2 de noviembre – (Jn 6, 37-40)
En este día de recuerdo por los fieles difuntos, se nos invita a mirar más allá del presente: nuestras vidas, nuestras pérdidas, nuestras lágrimas no están sin sentido. El Dios que resucita acompaña, sostiene, transforma el dolor en esperanza.
¿Cómo vivimos la muerte de quienes amamos? ¿Con desesperanza o con la certeza de que están en manos del Señor?
¿Creemos de verdad en Jesús como la vida, o nos limitamos a aceptar la muerte como parte inevitable del ciclo?
¿Nuestra fe se traduce en consuelo para los demás que sufren, en anuncio de que “la muerte no tiene la última palabra”?
Hoy, a la luz de este
evangelio, la invitación es clara: confiar en Jesús que dice “Yo soy la vida”,
renovando nuestra esperanza para nosotros y para quienes han partido. Vivir con
la mirada del Resucitado transforma nuestros adioses —y también nuestros
presentes— en camino hacia la vida plena con Él.