ABRIRNOS A LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU PARA SER RECONOCIDOS TAMBIÉN COMO PREDILECTOS DEL PADRE

Domingo 12 de Enero- (Lc 3, 15-16.21-22)

La fiesta del bautismo de Jesús señala el comienzo de su vida pública. La primera parte del texto corresponde a la presentación de Juan el Bautista y la diferencia radical entre el bautismo que él practica y el de Jesús. El de Juan es con agua, el de Jesús con Espíritu Santo y fuego. Esta aclaración resultaba necesaria porque el pueblo se preguntaba si el Mesías no era Juan. Pero este conoce su lugar y no se atribuye lo que no le corresponde. Él es solamente el precursor y no es digno de desatarle las sandalias a Jesús. El desafío estará en que la gente entienda el mesianismo de Jesús y sea capaz de acoger su novedad o se quede, en cierto sentido, “atrapado” en el bautismo de conversión predicado por Juan. Esto nos ayudaría a pensar en la praxis cristiana de muchos cristianos hoy que parece se quedan “atrapados” también de las formas externas, de los tradicionalismos, de las normas, del pecado y no logran entender la Buena Noticia de salvación que trae Jesús con la libertad que ella implica: una ley, una liturgia, una norma, una espiritualidad al servicio de la vida y no la vida al servicio de estas. 

El bautizo de Jesús causó problemas en los primeros siglos del cristianismo porque surgía la pregunta de si era necesario que Jesús se bautizara, sabiendo que él no tenía pecado. En realidad, hay que ver este bautismo en solidaridad con el pecado del pueblo y, como ya dijimos, como inicio de su misión, más que en el sentido de conversión de pecados que claramente Jesús no tenía.

Lucas  presenta a Jesús en actitud de oración y es, precisamente estando en oración, que se abre el cielo, baja el Espíritu Santo y se oye la voz que confirma la identidad de Jesús como Hijo de Dios. El evangelio de Lucas nos invita en muchos momentos a esta actitud de oración o, en otras palabras, de apertura a la presencia del Espíritu Santo entre nosotros. La paloma significa la forma corporal de lo que está aconteciendo, la encarnación real del Hijo de Dios entre nosotros y la misión que comienza a realizar Jesús entre los suyos.

Estamos, entonces, llamados a acoger la misión de Jesús y a abrirnos a la acción del Espíritu, para ser continuadores de su misma misión, esperando que el Padre pueda decir también de cada uno de nosotros que somos sus hijos e hijas, predilectos de su corazón.

Ekumene - Obra misionera
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