¡REINA, SEÑOR, EN NUESTRAS VIDAS!

Juan 18, 33b-37

La única vez que Jesús se reconoce como Rey es ante Pilatos y matiza que su reino no es de este mundo.

El Reino de Jesús no está basado en el poder humano ni en el dominio, ni en el prestigio, sino que es un reinado donde la verdad y la justicia se manifiestan con toda su fuerza. Un reino que no es de este mundo, pero que se encarna plenamente en él para transformarlo según la voluntad de Dios. Este es el reinado que le pedimos cada vez que rezamos en el Padre Nuestro: “Venga a nosotros tu Reino”.

El Reino de Dios que anhelamos en el Padrenuestro se ofrece desde la libertad y el respeto, desde el amor y la verdad, desde la justicia y la paz, desde el servicio y no desde el poder.Jesús quiere reinar desde la cruz y no desde el poder, quiere realizar su reinado en una sociedad de hermanos entre sí e hijos todos de Dios. Su señorío no le reportó ventaja temporal alguna. Este es el camino que han de seguir sus discípulos.

Con Jesús llega el Reino de la alegría, la bondad y la misericordia que conduce a una fraternidad universal, cuyas puertas se abren a fuerza de amor hacia los desheredados y crucificados de esta tierra. Sólo entrando en esta nueva mentalidad del Evangelio podremos invocar realmente a Jesús como Rey.

¡REINA, SEÑOR, EN NUESTRAS VIDAS!