REENCUENTRO

REENCUENTRO Y GRATITUD A EKUMENE JEREZ DE LOS CABALLEROS (Badajoz)

Hace muchos años la necesidad  nos obligó, siendo sólo unas niñas, a salir de nuestros hogares para estudiar y llegamos a un internado en Jerez de los Caballeros (Badajoz). Llegamos asustadas; nos íbamos de nuestras casas, dejábamos a nuestras familias y todo lo que habíamos conocido hasta ese momento. Allí estuvimos cuatro años estudiando, aprendiendo a convivir y dando la lata a nuestras cuidadoras. Fueron cuatro años que forjaron nuestra personalidad, aún sin saberlo. Entramos niñas y salimos mujeres. Después cada una hizo su vida sin volver a encontrarnos hasta que a alguien se le ocurrió volver a reunirnos en un grupo de wattssap.

Gracias a esto organizamos un REENCUENTRO y después del esfuerzo de algunas que trabajaron mucho en la organización volvimos a juntarnos las que pudimos en Jerez de los Caballeros, en la misma puerta a la que habíamos llegado cuarenta y tantos años atrás. En todo este tiempo muchas no nos habíamos vuelto a ver, pero fue como si nos hubiéramos despedido ayer.  Risas, lágrimas, abrazos, besos……… Y esa Petri, que también vino; por Dios, qué alegría, con la lata que le habíamos dado.

Quiero dar las gracias a Ekumene, que nos dió las herramientas para crecer como somos, para vivir como vivimos, para seguir queriéndonos.

Estoy asombrada y emocionada de la unión de este grupo, fruto de Ekumene. Nos apoyamos unas a otras cuando alguien lo necesita y nos alegramos con las cosas bonitas que nos pasan.

Doy gracias a Dios que nos eligió y nos reunió en el mejor sitio; allí aprendimos a vivir, a con vivir, a rezar, a ayudar, a pensar, a sonreír, a llorar…… También le doy gracias por volvernos a reunir como si los años no hubieran pasado. Gracias por no dejarnos olvidar la lección aprendida, por no dejar morir la semilla.

Sólo Dios puede hacer que cuarenta años no hayan podido terminar con este amor.

Por último quisiera agradecer a quién nos aguantó y nos enseñó a ser lo que somos, a querer como nos queremos, a vivir con el espíritu de Ekumene, que quedó grabado a fuego en nuestra alma y los años no consiguieron borrar nunca. Seguro que ellas no eran conscientes del milagro que habían hecho. GRACIAS.

Reme Leal Hernández