Historia

Ekumene es una palabra tomada del griego que para nosotros viene a significar la “casa común” de los pueblos. Sentimos que Dios es el padre de todos en esta gran familia, por eso los problemas y las alegrías de los demás se convierten en nuestros problemas y en nuestras alegrías.

Somos un movimiento de seglares consagrados a Dios, sin las formalidades clericales o monásticas, con la “simple” consagración del bautismo por el que nos hacemos seguidores de la vida y mensaje de Jesús, y una misión concreta.

Objetivo: multiplicar los equipos de seglares para la promoción de los pueblos “hambrientos” de pan, de educación, de justicia y de trascendencia. Estamos abiertos a cuantas iniciativas nos permitan hacernos cada día más hermanos.

¿QUÉ HACEMOS EN LA PRÁCTICA?

Ponemos medios humanos y económicos para que los pueblos “construyan” su propio desarrollo, con las herramientas de la educación, el trabajo y el compartir. En la práctica creamos y animamos:

Centros educativos y de formación profesional, empresas sociales, comunidades de familias, movimientos sociales, grupos de jóvenes comprometidos…

PROYECTOS

¿QUIÉNES PUEDEN SER EKUMENE?

“Todas las personas que quieran vivir y transmitir la gozada de sentirse hijos de Dios y hermanos de todos. (Domingo Solá, fundador de Ekumene).

Porque sabemos que tú tienes mucho que hacer y que decir en la casa común de la humanidad, tú puedes ser Ekumene.

CÓMO COLABORAR

Un poco de historia…
Ekumene surge por la iniciativa del padre Domingo Solá Callarisa ante la indiferencia religiosa y la pobreza en que vivían los pueblos de la posguerra. El padre Domingo entiende que la laborde evangelizar aquella España -y el mundo- era también un asunto de los seglares de a pie; ahora bien, asociados.

Y todo comienza en Alcalá del Júcar (Albacete). Con el respaldo del obispo de la nueva Diócesis de Albacete, Arturo Tabera, en 1951 se crea un movimiento misionero de seglares constituido por grupos de maestras y maestros, y una comunidad sacerdotal al servicio de la diócesis.

Ni más ni menos que con el compromiso del bautismo, los primeros seglares asociados en Ekumene dedican su tiempo a su actividad profesional, su formación y a la evangelización.

Crean centros de enseñanza en los pueblos del arciprestazgo, al tiempo que animan pequeños grupos en los que se suscitan iniciativas de promoción cultural y productiva.

La década de los cincuenta fue un periodo de ensayos y de acercamiento al pueblo llano. Quince años antes del Concilio Vaticano II, los grupos Ekumene propusieron ya una teología de promoción amiga y una cooperación entre los pueblos. Las llamadas a sacerdotes y maestros, si bien no tuvieron el alcance soñado, sirvieron para generar la
convicción de que se estaba gestando un movimiento atrevido y con futuro.

En 1953 la Iglesia reconoce oficialmente como “Pía Unión” el movimiento seglar que terminará llamándose Ekumene, con un triple objetivo: evangelizar, promocionar y compartir. Afloran nuevas comunidades y equipos territoriales por todo el país, a la vez que se amplían los horizontes de acción: centros de enseñanza, empresas sociales agrícolas, talleres, publicaciones, etc.

En los años sesenta llegó el Concilio. Y las ordenaciones sacerdotales de algunos de los maestros del movimiento Ekumene. Fue también el tiempo de las residencias universitarias y… del despertar misionero al servicio
de la Iglesia.

“Promoción” fue la palabra que definió nueve años de trabajo en Alcalá del Júcar, pero África nos convenció de que no hay evangelio total si no hay promoción universal.

En tierras africanas se instalan las primeras “empresas sociales”: grupos de personas o familias asociadas en torno a una actividad económica, de modo que el trabajo y el compartir promuevan lazos de fraternidad. Con el paso del tiempo los primeros socios van interiorizando la necesidad de ayudar a nuevos emprendedores (con sus excedentes netos) para “multiplicar” las empresas sociales.

La década de los setenta representó una época de estabilidad y de reflexión para Ekumene. Fue el momento de repensarlo todo y de hacer de “labradores”. ¿Acaso había que podar los árboles que daban fruto para que dieran más fruto? ¿Acaso había que sembrar en nuevas tierras? Comenzamos entonces la siembra en México.

Estamos ya en los años ochenta y Ekumene amplía todavía más su sí misionero: nacen las misiones de Lukotola (R.D.Congo) y Rancho Viejo (México). En España abre sus puertas a los emigrantes el centro Nuestra Señora de Belén, en Barcelona.

En la década de los noventa toca organizar Ekumene. Nos hemos dejado llevar de la Iglesia, de nuestros obispos, para darnos el rostro que la Iglesia quiere que tengamos.

El 26 de abril de 1991 se aprueban los estatutos por parte de la Conferencia Episcopal Española y se reconoce a la Obra Misionera Ekumene como Confederación de Asociaciones Públicas de Fieles. Desde entonces conviven dos asociaciones confederadas: Evangelización Ekumene (mujeres) y Promoción Ekumene (hombres).

El mes de enero de 1993 estamos de enhorabuena: se ordena sacerdote de Ekumene, el padre Luis, en la Parroquia Santo Domingo de la Calzada (Madrid). Y los proyectos en África siguen creciendo, esta vez en la ciudad de Lubumbashi (RDC).

Llegamos al año 1994. Se inaugura la Casa Ekumene de Alcalá de Henares, verdadera casa común al servicio de la misión Ekumene. Un año después suelta amarras la Asociación de Jóvenes Ekumene y se abre el centro social San Mateo para la atención de emigrantes en Madrid.

En 1996 tiene lugar el primer sínodo de Ekumene en el que se eligen y designan los Consejos de Evangelización, Promoción y Confederación Ekumene, y se elaboran los documentos sinodales para el quinquenio. Los misioneros nos dan otra gran noticia: se abre la escuela profesional de Lukotola (RDC).

El 12 de febrero de 1997, en plena actividad, fallece repentinamente el padre Domingo, el fundador de Ekumene.