Historia

La Obra Misionera Ekumene, surge, como hemos visto en la biografía de D. Domingo Solà, tras la llamada interior que él siente, ante la situación de los pueblos de la postguerra española. Pobreza, incultura, indiferencia religiosa etc.

D. Domingo entiende que la labor de evangelizar aquella España y el mundo era también un asunto de los seglares, ahora bien, asociados.

Empieza su andadura, y sigue hasta nuestros días…


Todo comienza en Alcalá del Júcar (Albacete).

Con el respaldo del obispo de la nueva Diócesis de Albacete, Arturo Tavera, en 1951 se crea el primer grupo de tres maestras y un maestro para empezar un movimiento misionero de seglares constituido por grupos de maestras y maestros, y una comunidad sacerdotal al servicio de la diócesis.

Ni más ni menos que con el compromiso del bautismo, los primeros seglares asociados en Ekumene dedican su tiempo a su actividad profesional, su formación creciente y a la evangelización.

Crearon centros de enseñanza en los pueblos del arciprestazgo. De aquellas escuelas salieron chicos  y chicas que continuaron estudios universitarios.

Animan pequeños grupos en los que se suscitan iniciativas de promoción cultural y económica sirva de ejemplo, una escuela–taller de oficios artesanales, en la que se fabrican alfombras de esparto con mucho éxito, y material pedagógico para escuelas de infantil y primaria principalmente en madera recortada, en el barrio de la Estrella o “Cerrico” de Albacete.

La década de los cincuenta fue un periodo de ensayos y de acercamiento al pueblo llano. Quince años antes del Concilio Vaticano II, los grupos Ekumene propusieron ya una teología de promoción amiga y una cooperación entre los pueblos. Las llamadas a sacerdotes y maestros, si bien no tuvieron el alcance soñado, sirvieron para generar la convicción de que se estaba gestando un movimiento atrevido y con futuro.

 

En 1953 la Iglesia reconoce oficialmente como “Pía Unión” el movimiento seglar que terminará llamándose Ekumene, con un triple objetivo: evangelizar, promocionar y compartir.

Afloran nuevas comunidades y equipos territoriales por todo el país, a la vez que se amplían los horizontes de acción: centros de enseñanza, empresas sociales agrícolas, talleres, publicaciones, etc.

En los años sesenta llegó el Concilio. Y las ordenaciones sacerdotales de algunos de los maestros de la Obra Misionera Ekumene.

Fue también el tiempo de las residencias universitarias y… del despertar misionero al servicio de la Iglesia.

“Promoción” fue la palabra que definió nueve años de trabajo en Alcalá del Júcar, pero África nos convenció de que no hay evangelio total si no hay promoción universal.

Empezamos trabajando la promoción a través de la cultura por medio de la formación de los maestros en las escuelas, y más adelante la creación de granjas para completar su escaso salario.

En tierras africanas se instalan las primeras “empresas sociales”: grupos de personas o familias asociadas en torno a una actividad económica, de modo que el trabajo y el compartir promuevan lazos de fraternidad. Con el paso del tiempo los primeros socios van interiorizando la necesidad de ayudar a nuevos emprendedores (con sus excedentes netos) para “multiplicar” las empresas sociales.

La década de los setenta representó una época de estabilidad y de reflexión para Ekumene. Fue el momento de repensarlo todo y de hacer de “labradores”. ¿Acaso había que podar los árboles que daban fruto para que dieran más fruto? ¿Acaso había que sembrar en nuevas tierras? Comenzamos entonces la siembra en México.

Estamos ya en los años ochenta y Ekumene amplía todavía más su sí misionero: nacen las misiones de Lukotola (R.D.Congo) y Rancho Viejo (México). En España abre sus puertas a los emigrantes el centro Nuestra Señora de Belén, en la actualidad Centro Social Domingo Solá  en Barcelona.

En la década de los noventa toca organizar Ekumene. Nos hemos dejado llevar de la Iglesia, de nuestros obispos, para darnos el rostro que la Iglesia quiere que tengamos.

El 26 de abril de 1991 se aprueban los estatutos por parte de la Conferencia Episcopal Española y se reconoce a la Obra Misionera Ekumene como Confederación de Asociaciones Públicas de Fieles. Desde entonces conviven dos asociaciones confederadas: Evangelización Ekumene (mujeres) y Promoción Ekumene (hombres).

El mes de enero de 1993 estamos de enhorabuena: se ordena sacerdote de Ekumene, Luis Domingo, en la Parroquia Santo Domingo de la Calzada (Madrid). Y los proyectos en África siguen creciendo, esta vez en la ciudad de Lubumbashi (RDC).

Llegamos al año 1994. Se inaugura la Casa Ekumene de Alcalá de Henares, verdadera casa común al servicio de la misión Ekumene. Un año después suelta amarras la Asociación de Jóvenes Ekumene y también se abre el centro social San Mateo para la atención de emigrantes en Madrid.

En 1996 tiene lugar la primera Asamblea General de Ekumene en la que se eligen y designan los Consejos de Evangelización, Promoción y Confederación Ekumene, y se elaboran los documentos asamblearios para el quinquenio. Los misioneros nos dan otra gran noticia: se abre la escuela profesional Kamalenge en Lukotola (RDC).

El 12 de febrero de 1997, en plena actividad, fallece repentinamente el padre Domingo Solà i Callarissa,  fundador de Ekumene.

En la actualidad la vida de la Obra Misionera Ekumene o simplemente Ekumene, con la fuerza del Espíritu Santo y con la referencia de sus Estatutos,  sigue caminando con fidelidad teniendo claro su carisma: Evangelizar Promocionando y Promocionar Evangelizando y esto siempre en GRUPO y según las necesidades de la realidad en la que vivimos.